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Historia de la prostitución colectivos de prostitutas

historia de la prostitución colectivos de prostitutas

Las propuestas abolicionistas refuerzan también el estigma al presentar a las prostitutas como mujeres sin voluntad para poder enfrentarse a los problemas y necesitadas de una protección estatal especial. Hoy, las discusiones que se dan en el feminismo entre las posiciones abolicionistas y las de quienes defendemos su condición de trabajadoras sexuales con derechos parecen el eco de las discusiones de finales del siglo XIX sobre la pureza moral y la prostitución. De hecho, en sentido metafórico también se podría decir que el trabajo en cadena es esclavitud o que la sexualidad entendida como débito conyugal por algunas mujeres casadas es prostitución.

Estas mujeres sí que son esclavas y posesiones de las mafias. Y las medidas que hay que tomar ante estas situaciones nada tienen que ver con las políticas que hay que aprobar para dignificar las condiciones de trabajo y aportar mayor seguridad al resto de prostitutas. Las reflexiones y propuestas abolicionistas no hacen distinciones entre las diferentes formas en las que se puede ejercer la prostitución: Consideran que todas las prostitutas son víctimas, sin capacidad de decisión sobre sus vidas, ni tan siquiera de reflexión sobre su propio trabajo.

Las abolicionistas consideran indigno el ejercicio de la prostitución en sí mismo, independientemente de las condiciones en las que se ejerce. Ciertamente, la prostitución no es una actividad como cualquier otra. Por la importancia que en nuestras sociedades se le da a la sexualidad y porque para las mujeres la relación con la sexualidad sigue siendo algo contradictorio, no es lo mismo ofrecer servicios sexuales que otro tipo de servicios. Dedicarse a la prostitución implica un estigma que, en muchos casos, es interiorizado por ellas, generando vergüenzas y sentimientos negativos que provocan vivencias contradictorias: Pero estas contradicciones nada tienen que ver con su dignidad.

Una cosa es que algunas de ellas, llevadas por la interiorización del estigma, se sientan indignas también puede pasar con las lesbianas o las transexuales y otra es que desde el feminismo se lo confirmemos.

En este sentido, una cosa es decir que las condiciones en las que se ejerce la prostitución son, en muchos casos, indignas y otra muy diferente es considerar —como hace el feminismo abolicionista— que lo indigno es ejercer este trabajo. Con estas posiciones sólo conseguimos reforzar el estigma y disminuir su maltrecha autoestima. La prostitución tiene mucho que ver con la situación de subor-dinación social y laboral de las mujeres en nuestras sociedades.

Incluso podemos decir que es, entre otras cosas, una institución patriarcal cuya función simbólica es el control de la sexualidad femenina. Su visión considera a las prostitutas seres pasivos, meras receptoras de la ideología patriarcal. Estas consideraciones olvidan que todas, de una u otra forma, vivimos situaciones de subordinación que intentamos combatir como podemos.

Es una pura cuestión de supervivencia. En definitiva, los años de dedicación colectiva a las trabajadoras del sexo y sus derechos nos han enseñado cómo éstas pueden dar la vuelta, y de hecho se la dan, a estas situaciones de subordinación. Y esto depende, en gran medida, de las condiciones subjetivas autoafirmación, seguridad en sí mismas, profesionalidad Así, por ejemplo, tener un ambiente de trabajo tranquilo les permite negociar mejor los precios y los servicios sexuales y sentirse con poder frente al cliente, justo lo contrario que ocurre cuando se prohíbe y convierte en clandestino el ejercicio de la prostitución o se persigue a los clientes.

En definitiva, desde Hetaira creemos que para entender bien las situaciones complejas que se dan en el mundo de la prostitución es necesaria una mirada multilateral, amplia, una mirada feminista integradora de las diferentes causas y problemas que confluyen en la realidad concreta. Es fundamental que contemplemos, también, otros factores como son la pobreza, los desastres naturales y provocados que hacen que miles de mujeres tengan que abandonar sus países y vengan al nuestro buscando un futuro mejor, sabiendo que lo que van a hacer es trabajar como prostitutas.

O que tengamos en cuenta que estamos en sociedades mercantiles que tienden a sacar al mercado y convertir en mercancía muchos de los servicios que antes se desarrollaban en el marco de las estructuras sociales y familiares: Esta idea es coger una parte por el todo.

Porque sin duda existen clientes que van en ese plan, como existen personas en otros campos de la vida que porque pagan se creen con derecho a humillar a quien les ofrece un servicio, pero afortunadamente eso no es generalizable. Esa clase de personas son una minoría, también entre los clientes de las prostitutas. En el caso de las prostitutas, las condiciones de alegalidad en las que se desarrolla su trabajo y la consideración social estigmatizada son elementos fundamentales que limitan su capacidad de decisión y actuación.

Por ello es fundamental apostar por ampliar estos límites que condicionan sus decisiones reconociendo sus derechos en tanto que trabajadoras del sexo y desacralizando la sexualidad como forma de luchar contra el estigma.

Es necesario que las prostitutas se construyan como sujetos sociales con capacidad para hacer oír su voz y negociar sus intereses particulares.

Y para ello es fundamental que desde el feminismo no les neguemos su posición de sujetos sino que, por el contrario, apostemos por reforzar esta posición partiendo de su capacidad para decidir y remitiéndonos a ella para despertar su rebeldía.

Parece evidente que los cambios que se pueden producir en la consideración social de las trabajadoras del sexo pasan en primer lugar por reivindicar que la prostitución es un trabajo que no puede definir a quien lo ejerce. Nombrar a las prostitutas trabajadoras del sexo es un elemento importante en este cambio. Son las tres de la tarde. Por su cuerpo pasaban unos ocho desconocidos por día. Le dejaban plata, moretones y la sensación de que cien personas la habían aplastado.

De noche volvía a su barrio, pasaba por el supermercado y llegaba a casa a tiempo para cenar con sus tres hijos adolescentes. Así fue su rutina durante siete años, hasta que tuvo una crisis nerviosa y decidió dejar la prostitución.

Su texto contra los sindicatos de trabajo sexual, "Parate en mi esquina", fue compartido miles de veces en redes sociales. Por esa especie de poema le llegaron palabras de apoyo y donaciones de desconocidos, incluso desde otros países. En la Argentina, la explotación sexual es considerada un delito por el Código Penal y por la Ley de Trata. Al interior del movimiento feminista hay dos posturas marcadas al respecto.

Por un lado, las "regulacionistas" critican la "criminalización" y abogan por el derecho a ejercer libremente el "trabajo sexual". Por otro, las "abolicionistas" consideran que la prostitución es una violación a los derechos de las mujeres. Delia se encuentra en el segundo grupo. Es crítica de los sindicatos de trabajadoras sexuales y se enfurece cuando escucha o lee sobre campañas de regularización de la prostitución.

Me decían que yo, como dueña de mi cuerpo, podía hacer lo que quisiera. Que era mi sustento. Citaban a prostitutas de otros países. Pero hoy, después de ser prostituta, digo que no, que la prostitución no es trabajo". Cuando se quedó sin trabajo de empleada doméstica, Delia comenzó a prostituirse. Entonces asistía a reuniones y tomaba cursos para atender sexualmente a los hombres. Le enseñaban, por ejemplo, cómo colocar un preservativo con la boca.

En ese momento no me daba cuenta", sostiene Delia. Si hablamos de una relación sexual consensuada, hablamos de afecto, de calentura, deseo mutuo.

Pero si te vas con cualquiera, si no sabés qué te va a pasar en esa habitación, qué te va a hacer el otro, que tiene mayor fuerza física No sabés qué te va a hacer. Allí habla de "abolición", y la palabra no es casual. Para ella, la prostitución es equivalente a la esclavitud.

No tenemos rostro, ni sentimientos, ni nada. La prostitución es una de las peores violencias contra las mujeres", asegura. Delia nació en Chaco en una familia pobre.

Analfabeta, a los 16 años se instaló en Buenos Aires. Se casó a los 19 y tuvo tres hijos. Terminó la escuela primaria y comenzó a cursar el secundario.

Su esposo la golpeaba y tardó 12 años en denunciarlo por violencia de género. Cuando reflexiona se da cuenta de que su vida sin violencia empezó a los 31 años. Tenía 41 cuando la despidieron de una de las dos casas donde trabajaba como ayudante doméstica. Estaba terminando la secundaria. Sus hijos estaban en el colegio. Faltaba un año para la crisis de y conseguir trabajo era difícil.

Una conocida le ofreció prostituirse. Hoy me pregunto, tal vez. Si hubiera hecho otra cosa. Pero no me alcanzaba, no me alcanzaba", dice. Dormía por la mañana, se prostituía por la tarde, veía a sus hijos por la noche.

Al principio no les contó lo que hacía para mantenerlos. Les decía que iba a trabajar a un bar. A veces, a los propios maridos". Su situación económica mejoró.

Habían pasado dos años y medio. Yo pensé que me quedaría hasta que terminara la secundaria, hasta poner el techo de mi casa. Pero después hay algo que te atrapa, que se te hace tan familiar, tan peculiar tuyo, que no podés. Que es tu trabajo.

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Por su cuerpo pasaban unos ocho desconocidos por día. En el imaginario colectivo, reproducido frecuentemente por los medios de comunicación, a las prostitutas se les atribuyen fundamentalmente tres identidades que se superponen muchas veces. Rascacielos de Madrid en Construcción. Inicia sesión Introduce tu usuario y contraseña No cerrar la sesión. Nos reservamos el derecho de suspender la actividad de cualquier cuenta prostitutas asiaticas barcelona prostitutas en cartagena consideramos que su actividad tiende a resultar molesta para el resto de usuarios y no permite el normal desarrollo de la conversación. Nombrar a las prostitutas trabajadoras del sexo es un elemento importante en este cambio. O van a tener que recurrir a intermediarios, se teme Morgane Merteuil. Recuerda las normas de la comunidad. Es un modelo actualmente en expansión. Eso sí, ninguno ha entrado en prisión. Pero un mes después de la operación, volví a trabajar". Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia. Galería de fotos de flores s ilvestres y de jardín.

Hay muchísimas situaciones diferentes y esta ley, denuncian, mete a todos en el mismo saco. Turistas frente al Moulin Rouge de París, en julio de Reuters. Desde los decadentes y horteras alrededores de Le Moulin Rouge, con sus templos dedicados al sexo y al voyerismo , a la castiza calle de Saint Denis en pleno centro de la capital, donde la putas tradicionales lucen escote y peregrinan a sus pequeños apartamentos escaleras arriba varias veces al día desde hace décadas.

Las asociaciones reconocen que, por supuesto, existen casos de explotación y personas que viven situaciones de violencia. Que hay mujeres obligadas a acostarse con 30 o 40 hombres al día y que viven encerradas por sus chulos, sin posibilidad de denunciar porque no tienen nada. Gilda, como Morgane o Giovanna, demuestran que el fenómeno de la prostitución es poliédrico y complejo y, para la gran mayoría de las personas, completamente desconocido y lleno de tópicos y prejuicios.

Las asociaciones ridiculizan esta partida. Una prostituta busca clientes en el Bois de Boulogne de París, en agosto de Reuters. Porque, al final, aseguran, el alquiler hay que pagarlo igual.

O van a tener que recurrir a intermediarios, se teme Morgane Merteuil. En Titania Compañía Editorial, S. No quiero un mundo en que los cuerpos de las mujeres o sus trozos, sus agujeros, se mercantilicen.

La marcha compostelana convocada por la Plataforma Feminista Galega el domingo 6 de marzo fue la antesala a la celebración del 8 de marzo Día Internacional de las Mujeres, y reunió a colectivos de todo el territorio gallego.

Desde , el colectivo Putas Indignadas, en Barcelona, se ha organizado para luchar por los derechos de las trabajadoras del sexo. Hablamos con Janet, una de las trabajadoras que forman el colectivo. Derogar la Ley de Seguridad Ciudadana, tener una buena relación con el barrio y mantener limpio su espacio de trabajo, la calle del polígono Marconi en Madrid, son algunos de los objetivos de la recién creada Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo Afemtras.

Colectivos de apoyo a mujeres y de derechos humanos señalan las trampas de la propuesta de Ciudadanos sobre la 'legalización' de la prostitución. Entrevistamos a Paula Ezquerra, una de las cuatro representantes del colectivo barcelonés Putas Indignadas. El autor defiende que la inclusión de actividades ilegales es la propia esencia de la economía liberal.

La abolición suele ser defendida por numerosos sectores feministas y antiguas trabajadoras del sexo. Entre ellos, varios colectivos piden la extinción total de este oficio y se declaran en contra del cliente, como explica Carmen, exprostituta y portavoz del colectivo gallego Faraxa. Desde Faraxa, advierten de algunas consecuencias que tendría la legalización: De entre quienes se muestran totalmente en contra de regular la prostitución, muchas son mujeres que la han ejercido.

Mujeres que, tras duras experiencias, han decidido dejar el oficio y optar por otra forma de vida. Si todo alrededor de ese mundo es corrupto'.

Lined, como muchas otras, decidió ejercer la prostitución por problemas económicos. Durante ese tiempo todas las compañeras que conoció eran 'muy jóvenes y extranjeras'. Y se responde, también: Aun así, reconoce que no todas estaban en la misma situación que ella.

Una posición, la suya, que defiende que 'la mujer es capaz de decidir y por ello se debe respetar su decisión para que no se criminalice este sector'. Pese a todo, la portavoz de este colectivo cree que 'las prostitutas no son cosas a contar, son personas a proteger'.

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