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Antes de salir, los pasajeros son sometidos a una rigurosa identificación y los formalismos de la policía terminan con la toma de huellas digitales. Todos los pasaportes han sido requisados y guardados, sin ninguna explicación. El cónsul de Burkina en Malabo, Ahmed Sorgho, calma a los que se salen de sus casillas y promete arreglar la situación en las próximas horas.

A la mañana siguiente de nuestra llegada, supimos que se hallaba en Malabo 2, junto a una avenida llamada Rotondo de Razel. Fue en ese edificio de tres plantas, situado en un paraje tranquilo y magníficamente dotado de todas las comodidades que se puedan desear, donde se hospedaron una veintena de periodistas de diferentes órganos del país y miembros de la FBF. Pero con la llegada de otros hinchas, las cosas van a complicarse. El apartamento consta de salón, comedor, cocina, cuarto de baño y en cada habitación, una cama de matrimonio y otra individual.

Corramos un tupido velo sobre los problemas de cohabitación y las dificultades que ello creó y vayamos a descubrir Malabo. Dos días después del primer partido de Burkina contra Angola, la ocasión me fue propicia para dar un paseo. De mis intercambios con burkineses que frecuentaban un quiosco en las cercanías del apartamento, anoté lo esencial en un cuadernillo. Desde la avenida Rotondo de Razel al centro tengo puntos de referencia para no perderme.

Para conocer bien esta ciudad se necesitan al menos tres horas en taxi dando vueltas, y la carrera sale por unos 5. Como un cartero haciendo su ronda, salí sobre las 9: A lo largo de la avenida Rotondo se alzan edificios de gran categoría y alojamientos sociales deshabitados, cuyo estilo y talento del diseñador me dejan perplejo de admiración.

Allí donde fuese, me quedaba impresionado por el gigantismo de la ciudad. Es un mercado muy animado, con vendedores que ofrecen artículos de todo tipo provenientes de España o de Italia. Al preguntar por el precio de unos zapatos o de un móvil, se queda uno mudo. Malienses, cameruneses, nigerianos, mauritanos y senegaleses han abierto tiendas aquí, y hay que seguir la propia intuición para reconocerles.

En cuanto a mí, en su fuero interno saben que no soy un ecuatoguineano por la insignia que llevo. Pero no me han preguntado de dónde vengo; y cuando me presenté a un maliense, me retuvo un momento y me vendió un monedero de cuero por 2. Lo que me dejó atónito, ocurrió cuando me senté en un banco para encerarme los zapatos. Apenas el muchacho comenzó a encerar le pregunté el precio para preparar las monedas.

Miré a mi alrededor y entonces un ecuatoguineano que chapurreaba francés me hizo saber que aquí la vida es distinta y que esta es la realidad en Guinea Ecuatorial. Y no le faltaba razón, ya que lo comprobé de visu en los restaurantes, los bares, el transporte y los hoteles. La dueña vende casi toso los platos que encontramos en casa, y el precio oscila entre 1. Al poco de que descubriese ese excelente rincón, la información llegó hasta el apartamento.

Pero llegó con retraso ya que los jóvenes también habían dado con un restaurante senegalés en la ciudad. Comprendo ahora por qué los veo tan poco durante la jornada; y cuando el sol se pone, cada uno va a lo suyo. Por la mañana, al pasar por delante de sus habitaciones camino de la escalera, se oyen ronquidos como los de un órgano de iglesia. Dejemos nuestros segundones la juventud tiene su momento para volver a lo que decía hace un rato sobre la vida en Malabo.

Ello se explica por el hecho de que Guinea Ecuatorial ha tomado otro derrotero desde que se convirtió en productor de petróleo en los años Por lo que parece, su suelo rebosa de petróleo.

Malabo antaño llamado Port-Clarence es una ciudad en obras. Es frecuente ver niños afectados de poliomielitis, a quienes los otros niños colocan encima de carritos con ruedas, sobre los que se deslizan por las aceras. El Calcio 20 cuesta una fortuna y resulta difícilmente localizable, como las vitaminas, el plasma o el suero.

Las endemias azotan muy frecuentemente a la población guineana. El paludismo lo sufre un porcentaje muy elevado de la población y la fillaria causa estragos periódicamente, al igual que la disentería. Las autoridades hacen esfuerzos para conseguir medicamentos, pero su flujo sigue siendo irregular, lo mismo que su distribución y consumo. La natalidad es muy elevada, pero la mortalidad infantil alcanza topes inhumanos, como el de la edad medía, y las expectativas de vida, bajísimas.

El hospital de Malabo carece de casi todo. No tiene comedor, y por su interior las ratas vagan a su antojo, pese a que se las persigue. En ocasiones la sección infantil albergaba dos niños por cada cama durante las epidemias y endemias que cíclicamente afectan también.

No es difícil ver niños con el vientre abultado y con el ombligo inflamado hasta proporciones grotescas. A los cinco años de edad, los niños guineanos se convertían en comerciantes. Malabo es una ciudad sin mendigos, y la prostitución no existe.

Que un niño de diez años ofrezca cariñosamente al forastero una hermana suya de quince no es inusual. Los fang acostumbran tener tres esposas, que viven en el hogar conyugal juntas, casi siempre en armonía plena. Navidad en Guinea Ecuatorial 34 Día 6. Navidad en Guinea Ecuatorial 33 Día 4. Navidad en Guinea Ecuatorial 19 Día 2. Navidad en Guinea Ecuatorial 16 Día de llegada. La ansiada vuelta por Africa. Navidad en Guinea Ecuatorial 15 Día 5. Pasando el día en Moaba. Navidad en Guinea Ecuatorial 2 Moderna, Francesinhas Información y experiencias de otros forofos en restaurantes, cafeterías, pastelerías, Seleccionar un destino de los siguientes:

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La ansiada vuelta por Africa. Foros de Guinea Ecuatorial. Y como en cualquier capital, hay una cara oculta, el reverso del decorado.

Envueltas en un tipo de silencio similar al de algunos pueblos de España, pero al que se hubiera vaciado con un gran émbolo, las horas discurren pausadamente, sin que resulte posible percibir su flujo plano. Encima de Malabo, trazada con cartabón, por españoles y portugueses, se alza majestuoso el monte Basilé, de 3. Por las lindes de las carreteras del interior de la isla se descubre la presencia humana casi oculta por la vegetación. Hombres con harapos, mujeres con grandes cestos llamados ncués, unos y otros provistos de inevitables machetes para chapear constantemente la selva, caminan lentamente hacia las enormes plantaciones de cacao, casi todas propiedad de españoles.

Son cobertizos rectangulares, alargados y oscuros, y de su interior sale un aroma suave entre calor denso. Alimentado al fuego de madera, el secadero recibe el cacao y lo calienta hasta que pierde la grasa y el agua. Los jornales, cada mes, no superan los 2. Para comprar un vestido hay que trabajar cuatro meses, y para lograr un reloj de calidad aceptable es necesario gastar íntegramente la paga de veinte meses.

La alimentación es de subsistencia. La banana, la naranja amarilla y la piña, así como un tubérculo blanquecino llamado yuca, parecido a la patata, pero con menos poder nutritivo, son los productos que presiden todas las mesas. Una conferencia telefónica con Madrid, de duración normal, puede comportar el desembolso de un cuarto de kilo de billetes de veinticinco ekuelé.

Es frecuente ver niños afectados de poliomielitis, a quienes los otros niños colocan encima de carritos con ruedas, sobre los que se deslizan por las aceras. El Calcio 20 cuesta una fortuna y resulta difícilmente localizable, como las vitaminas, el plasma o el suero. Las endemias azotan muy frecuentemente a la población guineana. Y desde que se explotan los recursos del subsuelo, los edificios no paran de brotar de la tierra. Una autopista completamente nueva une a lo largo de varios kilómetros el aeropuerto Santa Isabel, situado a unos veinte kilómetros de la ciudad, con intercambiadores que descongestionan la circulación vial.

Cuando le ganaron a Senegal fue un calvario encontrar un taxi, por la sencilla razón que los taxistas también estaban de fiesta con los intermitentes parpadeando y sin ni siquiera molestarse en mirarnos cuando les hacíamos señas. El oficio de chófer da bien de comer aquí, y uno de ellos nos ha confesado que su recaudación diaria puede llegar a los En Malabo no todo es bonito.

Y como en cualquier capital, hay una cara oculta, el reverso del decorado. En efecto, he visto míseros barrios de chabolas en plena aglomeración, y el contraste con la ciudad en crecimiento acelerado es chocante. Ahí viven familias pobres con miedo a que un día vengan a decirles que se larguen. Viendo cómo se mueven las cosas en el país del presidente Teodoro Obiang Nguema, en el poder desde hace 30 años, no nos sorprendería que la zona que ahora ocupan cambie de aspecto en un futuro próximo.

En la proximidad de nuestro apartamento hay un pequeño poblado cuyos habitantes viven en cabañas poco acogedoras, sin agua ni luz. Los que disponen de algunos recursos tienen grupos electrógenos. He leído eso en alguna parte.

Una cosa es cierta, en esta tierra de Jauja donde corren a mares la leche y la miel aunque no para todos , hay forzosamente nuevos ricos. Aquí, no todo es color de rosa para muchos extranjeros. Hemos visto algunos cavando agujeros para canalizaciones, y parece ser que el metro cavado se paga a 1.

La caza al extranjero es permanente. El permiso de residencia, que cuesta unos Tres meses después de mi llegada la policía me detuvo y me esposó. Para descubrir Malabo no basta con un día. Y sin embargo, contrariamente a lo que se podría pensar, la ciudad no es grande. Es montañosa y formada por rocas, y su litoral bordeado por acantilados. Me hubiese gustado estar en una aeronave para ver cómo es.

Al parecer, vista desde arriba es magnífica. Desde el Sofitel, pude ver un puerto marítimo. Como un paseante solitario, parecía ensimismado en la contemplación del mar.

A finales de este mes de enero, el tiempo es bochornoso y el calor sofocante. Cuando se sube hacia la calle del rey Boncoro, nos llama la atención la majestuosa arquitectura de las casas coloniales. La catedral de Santa Isabel, inaugurada en , es una magnífica edificación al igual que el palacio presidencial, el ayuntamiento, el edificio del Tribunal de Justicia, la casa de España y la plaza de la Independencia.

En esta ciudad, los lugares de ocio nunca se quedan vacíos; y cuando el día declina, en Banapa así como en Sampaca, la gente se divierte hasta bien entrada la noche. El tiempo en que era capaz de sentir un entusiasmo real, ya pasó. Con el ambiente de la CAN se vive a cien por hora, con la botellita de cerveza llamada San Miguel y otras bebidas alcohólicas. Cuento con dar una vuelta por Libreville para presenciar al menos uno de los cuartos de final.

Pero no sé si tendré plaza en el avión de la CAF ya que primero hay que inscribirse y esperar la contestación. La ansiada vuelta por Africa. Navidad en Guinea Ecuatorial 15 Día 5. Pasando el día en Moaba. Navidad en Guinea Ecuatorial 2 Moderna, Francesinhas Información y experiencias de otros forofos en restaurantes, cafeterías, pastelerías, Seleccionar un destino de los siguientes: Recursos encontrados para viajar a Guinea Ecuatorial: Directorio de la Web.

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